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Parados frente al icono de Jesús, miramos hacia Él y en voz baja hablamos al sacerdote quien escucha a nuestro lado ofreciendo consejo y ánimo. Para ayudarte a hacer tu confesión:
1 Di todo – Intenta no ocultar ningún pecado grave. Comienza con el pecado más difícil de admitir.
2 Sé claro – Intenta no ser sutil ni eufemístico. O sea, di las cosas como son. Si mataste a alguien dilo así en lugar de “hize que mi prójimo duerma bajo tierra”.
3 Arrepiéntete – Es a Dios a quien has ofendido, y Su perdón el que buscas.
4 Sé breve – No es necesario sumergirse en detalles. Cuando lo hacemos, a veces solo intentamos excusarnos.
ABIERTO Y PUBLICO
No hay una confesión de pecados que no sea abierta y pública. Una confesión “secreta” o “a Dios solo”, como dicen algunos, no es una confesión en absoluto. Dios sabe lo que hemos hecho antes de que lo hagamos [y confesemos]. Admitir nuestros pecados a Él en privado es parcial e incompleto, ya que cada pecado contra Dios es un pecado contra la humanidad y naturaleza. Una confesión sincera siempre es abierta. Solo esto manifiesta claramente nuestro reconocimiento genuino de pecado, nuestro auténtico dolor, y nuestro deseo sincero de cambiar nuestras vidas.
EN PRESENCIA DEL SACERDOTE
¿Por qué entonces confesamos a Dios en presencia del sacerdote solo? Si la confesión es abierta y pública, ¿por qué parece ser “privada”? Confesamos a Dios en presencia del sacerdote como si estuviesemos confesando en presencia del Pueblo de Dios. O sea, confesamos a todos en la persona del sacerdote. El pastor de la comunidad parroquial ve y oye y ofrece consejo y proclama el perdón de Dios en nombre de toda la comunidad—en nombre de Dios y de Su Pueblo. Lleva testimonio ante todos de la sinceridad de nuestra confesión. Si es posible, nos aconseja y nos recomienda formas en las cuales podemos crecer espiritualmente. Proclama las palabras consoladoras del perdón divino hacia nosotros cuando realmente nos arrepentimos.
La Confesión es un elemento esencial de la vida cristiana. De hecho, sin un reconocimiento de nuestros pecados, no hay cristianismo. Pero, ¿para qué confesamos nuestros pecados? Confesamos nuestros pecados para: ▪ Revelar nuestras vidas al juicio de Dios y a aquellos alrededor de nosotros;
▪ Rogar por misericordia y perdón;
▪ Librarnos de nuestros secretos pecaminosos;
▪ Abrirnos a la Luz de Dios y a aquellos alrededor de nosotros;
▪ Librarnos de todo lo negativo que nos ata y nos corrompe; y
▪ Ser reconciliado con Dios al estar unidos a la Iglesia—el Pueblo de Dios. Pero, ¿hay confesiones privadas?